martes, 8 de diciembre de 2015

8 de diciembre



Este 8 de diciembre de 2.015, junto al inicio del Año de la Misericordia decretado por el Papa Francisco, también ha entrado en vigor la Reforma del proceso matrimonial canónico sobre las causas de nulidad que el mismo Papa decretó en forma de  “motu proprio” este verano pasado.
A pesar de que el documento mencionado se establece que esta reforma entraría en vigor el 8 de diciembre, no es menos cierto que no todos los Tribunales Eclesiásticos podrán llevarlo a cabo en el plazo que se indicaba. Aquí en España ya se habla que por lo menos que  hasta dentro de unos 5 o 6 meses no estará plenamente en vigor la modificación que como es sabido ha sustituido por completo el Proceso de nulidad, en concreto, los cánones cánones 1671 a 1691.
En días pasados,  he tenido la oportunidad de asistir en el Tribunal Metropolitano de Granada a unas clases magistrales impartidas por el Profesor Arroba Conde, profesor ordinario de Derecho Procesal en la Universidad Lateranense, Juez del Tribunal de Primera Instancia del Vicariato de Roma y referendario del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica.
Como buen procesalista, el Profesor Arroba puso el centro de su intervención en todo lo referente a los aspectos procesales de la reforma del procedimiento especial de nulidad. Pero antes de eso, enunció una serie de argumentos que a mi particularmente me gustaron y con los que totalmente de acuerdo como fue el que debemos de despojar de los aspectos inmovilistas y formalistas que nos llevan muchas veces a quedar encajonados y con falta de respuesta ante las demandas de nuestros clientes.
Obviamente, es pronto para analizar con detalle todos los aspectos positivos que nos trae la reforma pero para el citado profesor, como para mí también, es indudable que todas las novedades introducidas son altamente positivas y van a ayudar a que los procesos de nulidad sean más ágiles, rápidos y efectivos. La Reforma ha hecho hincapié de manera prioritaria en uno de los principios del derecho procesal cual es el de Economía Procesal que como es sabido, se aplica para racionalizar al máximo el proceso y agiliza trámites, aunque no en términos que  quebranten el sentido de la norma ni de las instituciones procesales.
De esta manera y como decía el Profesor Arroba, el Papa no ha tratado con esta reforma el cambiar la presunción que establece el canon 1.060 del Código de Derecho Canónico (“El matrimonio goza del favor del derecho; por lo que en la duda se ha de estar por la validez del matrimonio”), sino que a raíz del fracaso matrimonial, tenemos la obligación de analizar las causas y factores que llevaron a esa ruptura y una vez analizados, disponer de las armas procesales adecuadas para poder establecer jurídicamente si el vinculo matrimonial llegó o no a formarse.
No cabe duda de que la hasta ahora normativa procesal de nulidad, no terminaba de ayudar teóricamente a analizar el fracaso matrimonial. Y digo teóricamente puesto que en la práctica los operadores de los Tribunales Eclesiásticos, sabíamos y veíamos como se procuraba adaptar el derecho a las circunstancias del caso en sí.
Esta manera de actuar que muchos Tribunales Eclesiásticos venían haciendo en el Mundo Católico, junto al espíritu profundamente pastoral del Papa Francisco y todo ello aderezado por la virtud de la Misericordia, es lo que ha llevado al Sumo Pontífice a realizar la reforma. 
Éste, haciendo honor al significado etimológico de su cargo (máximo constructor de puentes) quiere con esta reforma ofrecer a los fieles cristianos un documento que  ayude a que aquellos que en conciencia lo necesiten, “con mucha frecuencia se desaniman ante las estructuras jurídicas de la Iglesia, a causa de la distancia física o moral”.
En definitiva,  estamos ante una reforma que no olvida el procedimiento y que por supuesto, como no podía ser de otra manera, garantiza los “sagrados” principios y derechos que todo proceso debe tener, y que todo abogado debe  defender en su labor cotidiana, sea ante un Tribunal eclesiástico o civil, esto es,  entre otros, la contradicción,  defensa y motivación entre otros, aunque el análisis de esto será ocasión de otro post.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Motu Proprio sobre Reformas Proceso de Nulidad



Coincidiendo con la festividad del nacimiento de María, el 8 de septiembre, el Papa Francisco ha decidido hacer pública un “Motu proprio” que redactó en agosto (según el Cardenal Lombardi se terminó de redactar el 15 de agosto fiesta de la Asunción de María) y que como se dice en su preámbulo se ha dictado con el claro propósito de que se de claridad a aquellos que en la actualidad se encuentran en las tinieblas de la duda de si su matrimonio fue válido o no.
No quiero simplificar con estas líneas algo de tanta importancia como son las reformas que se van a aplicar a la Constitución que regula el Código de Derecho Canónico de 1.983, pero no cabe duda de que una primera aproximación al documento jurídico, puede hacerme caer en esa simplificación que hemos visto en los medios de comunicación con el tratamiento de la noticia. Por tanto, pido disculpas de antemano por si mi mala traducción del italiano o rapidez en el análisis pueda hacerme cometer algún error en el mismo.
No estamos ante un documento doctrinal como encíclicas, homilías o cartas pastorales, sino ante un documento jurídico que va dirigido a aspectos muy concretos de la regulación del proceso judicial matrimonial.
Efectivamente el documento papal, es una carta llamada “Motu proprio” que es un documento jurídico que reforma otro documento jurídico cual es una constitución (en este caso el Código de Derecho Canónico actualmente vigente). De esta manera, se modifican, y añaden nuevos contenidos a los cánones 1.671 a 1.691 del actual Código de Derecho Canónico, donde se regula el proceso ordinario y el proceso especial matrimonial, añadiendo también alguna cuestión al proceso documental (recordemos, el rato y no consumado), constituyéndose así un nuevo capítulo dentro del Libro VII que entraría en vigor a partir del 8 de diciembre de 2.015 (por cierto, otro guiño mariano del Papa Francisco).
He podido ver también algunas reformas respecto a las pruebas y me ha parecido apreciar algunas modificaciones en este sentido que creo nos ayudarán sobre todo a los abogados que trabajamos en los Tribunales Eclesiásticos en aquellos casos en los que  cuando por la inexistencia de pruebas directas que hacían que se tornase muy dificultoso el acreditar la existencia de la nulidad, podamos hacer que el Tribunal u Obispo obtenga bien fundamentada la certeza moral de la existencia de causa de nulidad.
Uno de los aspectos importantes que considero importante resaltar, es que según se establece en el documento,  se deja claro sin lugar a duda de que estamos ante reformas que afectan al carácter judicial de los procesos especiales matrimoniales desde su punto de vista judicial y no ante meras cuestiones de índole administrativa y todo ello para proteger al máximo el vínculo de orden sagrado de la institucion “sed potius postulatio urgeat veritatis sacri vinculi quammaxime tuendae” .
Lo que se trata de acometer con este documento papal, es que los procesos de nulidad matrimonial puedan ser más rápidos, más veloces, más ágiles, pero nunca, repito nunca, o al menos a mi me parece que sea  así, va a afectar a la verdadera esencia del proceso y del matrimonio en si el cual conviene recordarlo, es un sacramento instituido expresamente por Jesucristo que tiene tres propiedades esenciales (unidad, indisolubilidad y sacramentalidad) y dos fines (prole y bien de los cónyuges): “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados (Canon 1.055). O sea, la reforma no afecta a la Parte Primera del Libro IV que es el referido en el Código de Derecho Canónico a los Sacramentos dentro de “La Función de la Iglesia de Santificar”, sino a  la de los procesos especiales matrimoniales regulados dentro del Libro VII que legisla sobre los Procesos Judiciales.
Una vez que el Motu proprio deja claro donde nos vamos a mover,  el Papa Francisco establece los puntos fundamentales sobre los que trata la modificación del proceso y que después se tratan de manera específica en cada canon nuevo a aplicar.
De estos puntos fundamentales se pueden destacar los siguientes.
En primer lugar se crea una especie de procedimiento abreviado, sumario o corto, que era una cuestión que se venía demandando desde hace tiempo por los profesionales y agentes. Este procedimiento especial se podrá instar siempre y cuando se pida por ambas parte o por una con consentimiento de otra y las evidencias de nulidad sean muy claras. Una de sus virtudes es que si el proceso termina sin una resolución del obispo favorable a la nulidad, se podrá instar el proceso ordinario.
Es en el çaso de las evidencias y/o certezas es donde se puede dar más discusiones por parte de los profesionales y que suponemos que se irán concretando con la práctica y la doctrina de canonistas y rotal. Estas certezas y/o certezas e establecen sin ser un númerus clausus sino que se realiza de manera abierta y nunca pueden confundirse con causas de nulidad. De esta manera el que   el matrimonio haya durado poco o que la pareja se casase por estar embarazada la nnovia o porque uno de los cónyuges sea una persona que no tenga fe, no son causas de nulidad sino que las causas serían por ejemplo la falta de discreción de juicio, el dolo o no contener el matrimonio unos de sus elementos esenciales en su constitución como contrato.
Otra de las reformas que entiendo va a producir agilidad, es la no necesidad de acudir a una segunda instancia como hasta ahora era preceptivo. Aunque  a pesar de esto, la norma preserva el derecho de la parte a poder recurrir el fallo que considera injusto.
Es de destacar igualmente, la no necesidad de que haya tribunales colegiados que muchas veces han provocado sobre todo en diócesis pequeñas, que ni siquiera se puedan constituir tribunales eclesiásticos o su trabajo sea dificultoso y todo produzca retrasos. O sea, un solo juez puede ser  suficiente para establecer la certeza moral de la existencia o   no de causa de nulidad.
El Motu proprio además, reforma una cuestión de índole práctica que hacían que los procedimientos se alargasen por la falta de tramitación, y era que obligaba a interponer la demanda o bien en el lugar del domicilio donde se celebró el matrimonio o bien en el lugar del domicilio de la parte demandada o del actor si está dentro de un mismo territorio y con permiso del vicario judicial de la demandada y previa audición de esta. Ahora no, se podrá poner la demanda también en el domicilio del actor directamente por lo que se facilitará enormemente la tramitación procedimental.
En general la reforma me parece positiva y creo que puede ayudar a que los procesos matrimoniales sean más ágiles, pero conviene no olvidar que no todos los tribunales eclesiásticos están preparados y tienen medios suficientes para acometer las reformas en el plazo marcado. Por esta razón, el Sínodo de la Familia que se celebra el próximo mes de octubre, concretará no solo aspectos de carácter temporal sino que abordará cuestiones que ahora mismo puedan suscitar dudas entre los operadores jurídicos y sobre todo entre los fieles.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Consideraciones sobre normativa canonica en el sinodo
 

En días pasados, se ha publicado por parte de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, el Instrumentum Laboris o sea, el documento de trabajo para la XIV Asamblea General del Sínodo de los Obispos que se va a celebrar en Roma el próximo mes de octubre. Dicho Sínodo como es conocido, trata sobre la “vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”. El documento de trabajo tiene diversas partes siendo todas de igual importancia por su transcendencia práctica en el día a día de millones de católicos en todo el mundo. De los diversos temas a tratar quiero destacar el referente a los procesos de nulidad matrimonial. Antes de nada, debemos recordar que este documento de trabajo ha sido fruto de propuestas e ideas provenientes de las diversas conferencias episcopales en el mundo entero así como el propio trabajo del sínodo y sus padres sinodales y expertos en derecho, moral, pastoral etc.
Los que llevamos años trabajando en los Tribunales Eclesiásticos somos conscientes que el procedimiento de nulidad debe de sufrir algunas modificaciones y adaptarse  a los tiempos en que nos movemos. Siempre he defendido como resulta obvio, que el Derecho debe ser una cosa dinámica y cambiante y el Derecho canónico no debe ser ajeno a estas actitudes. Pero no debemos olvidar que el Derecho que regula la Iglesia posiblemente sea el que más experiencia tenga no solo por su antigüedad sino porque recoge la experiencia de su aplicación a múltiples lugares, por lo que resulta complejo el que se pueda modificar “de la noche a la mañana”. Estas características propias y de imposible emulación por otras legislaciones, nos llevan a mantener una postura cautelosa en los cambios que se puedan llevar a cabo ya que lo que puede ser bueno en un sitio puede no serlo tanto en otro e incluso perjudicial. Con esto no quiero decir que el proceso no sufra cambios, modificaciones o adaptaciones, no, lo que quiero decir es que se tengan en cuenta todos los factores que intervienen en el proceso y no solo aspectos pastorales o de practicidad que es lo que a mi entender parece ser que es lo que se está pregonando con cierta insistencia y olvidando la rica doctrina de canonistas y jurisprudencia. Además, no debemos olvidar que el actual proceso de nulidad matrimonial de nulidad es muy reciente (el Código de Derecho Canónico es de 1.983 y la Instrucción del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, para su observancia en los tribunales diocesanos e interdiocesanos en la tramitación de las causas de nulidad ("Dignitas Connubii") es de 2.005 y aquí por ejemplo ya se nos advierte a jueces y agentes que se debe evitar con especial esmero por un lado el formalismo jurídico como algo totalmente ajeno al espíritu de las leyes de la Iglesia y, por otro, esa forma de actuar que condesciende con un subjetivismo excesivo a la hora de interpretar y de aplicar tanto las normas de derecho sustantivo como las procesales.
Se habla en el Instrumentum Laboris  de agilizar el actual procedimiento, de suprimir la segunda instancia e incluso se habla de la creación de un procedimiento especial sumario en aquellos casos que son evidentes. En mis casi 20 años de ejercicio en Tribunales Eclesiásticos, me he encontrado casos donde por la claridad y contundencia del caso per se y de las pruebas practicadas, tal vez  la segunda instancia no tuvo que practicarse y lo único que consiguió fue “alargar el pleito”; también he visto procesos donde algunas de sus fases eran innecesarias o donde los plazos procesales podrían acortarse; e incluso me he encontrado casos en que era tan evidente la nulidad (recuerdo un matrimonio que duró un mes) que tal vez le hubiese venido bien la existencia de un procedimiento especial sumario. Pero aun en todos esos supuestos, creo desde mi humilde punto de vista que debe mantenerse vigente el derecho y la obligación como se recoge en la normativa de comparecer en las causas cuando se es llamado. Es evidente que este principio no debe ser absoluto puesto que si así fuese se causaría un grave daño a la justicia del proceso y a los derechos de la parte que inicia por conciencia la nulidad de su matrimonio.
La sentencia canónica de nulidad tiene naturaleza declarativa y los jueces sólo pueden dictar una sentencia de nulidad cuando hayan alcanzado la certeza moral sobre ésta, fundada en las actas del proceso y siempre dentro del respeto a los fieles/partes a su derecho a un proceso justo.
No conviene olvidar, como hace el profesor Héctor Franceschi de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, que el juicio sobre la validez o la nulidad de un matrimonio no es un juicio de la conciencia moral, pues no se refiere directamente al bien que hay que obrar o al mal que hay que evitar. Es un juicio sobre una situación jurídica, social −la realidad o la inexistencia del matrimonio−. Ese juicio no compete a cada persona, cuando se trata de declarar la validez o la nulidad con efectos sociales. Sí sería de su competencia, en cambio, por lo que se refiere a la decisión sobre el modo de vivir un matrimonio cuando, en conciencia, el fiel tuviese la certeza de su nulidad.
Y termino con las palabras que el pasado mes de enero y con ocasión de la inauguración del año judicial, el Papa Francisco dirigió a los jueces, oficiales y abogados del Tribunal de la Rota Romana: vuestra difícil misión, como la de todos los jueces en las diócesis, es esta: no encerrar la salvación de las personas dentro de las estrecheces de la juridicidad. La función del derecho se orienta a la salus animarum, a condición de que, evitando sofismas lejanos de la carne viva de las personas en dificultad, ayude a establecer la verdad en el momento del consentimiento, es decir, si fue fiel a Cristo o a la mentirosa mentalidad mundana.

lunes, 15 de junio de 2015

Os presento un nuevo caso de nulidad. En este vemos que la aparente buena formación cultural y religiosa de una de las partes no sirvió para detectar la forma de ser de la otra. El amor no es que sea ciego, a veces también es sordo y mudo.
Precisamente por la existencia de casos reales como el que os presento, se justifica todo el procedimiento matrimonial. 

Sara y su esposo contrajeron matrimonio canónico, el  18  de julio de 1.998 en la parroquia de San Tomás de Málaga. En el momento de celebrarse el matrimonio, Sara contaba con 32 años de edad y Carlos 31 años de edad.
Debido a problemas de reproducción de Carlos, la pareja adoptó a los tres años de casarse a dos niñas en China.
Los cónyuges en la actualidad se encuentran divorciados en virtud de sentencia dictada por el Juzgado de Primera Instancia de 2.008.
Mi representada es médico y su esposo es funcionario.
Sara es natural de Málaga y cuando terminó sus estudios de medicina comenzó su andadura profesional por distintos centros de salud de la provincia.
En cierta ocasión que se encontraba realizando una sustitución en el centro de salud de fue cuando conoció a Carlos. Éste en aquel momento empezaba como auxiliar administrativo. Para ambos era su primer noviazgo y habían llegados célibes a la relación.
Ambas personas provenían de mundos culturalmente distintos pero les unía la afición al montañismo. Así pues con ese débil punto de unión se inició una relación de noviazgo a principios de 1.997 que culminaría un año y medio después.
Como ya hemos establecido, el único punto de unión de ambas personas era su afición común ya que otro aspecto fundamental del que estaban diametralmente separados era por sus fundamentos religiosos. Efectivamente, Sara era y es una mujer profundamente religiosa, con arraigadas creencias y con las ideas un poco trasnochadas en referencia al papel que la mujer debe tener en relación al hombre. Esta forma de pensar es fruto de la educación recibida en su casa y en el entorno que desde niña hasta la madurez se estuvo moviendo.
Carlos es todo lo contrario respecto a creencias religiosas, no así en cuanto a creencias culturales respecto al papel que debe desempeñar la mujer en la sociedad y su condición inferior respecto al hombre.
El noviazgo se desarrolló de forma inusual por dos razones. En primer lugar por el trabajo de Sara con continuas idas y venidas ya que la misma residía en Málaga, aunque a los meses del noviazgo comenzó a vivir en el pueblo de Carlos, primero con una señora mayor y después se alquiló un piso. En segundo lugar porque en el poco más de un año que duró aquel noviazgo, no hubo contacto sexual de ningún tipo. Tal vez sea esto lo que se nos aconseja que hay que hacer por nuestra Madre la Iglesia, pero también es verdad que en los tiempos de ahora es bastante anormal que esto suceda máxime cuando una de las partes en este caso el hombre, no comparte los ideales católicos de un noviazgo sano y limpio que pudiese tener Sara en aquellos momentos. Y es aquí donde se produce la rareza ya que Carlos no intentó en ningún momento el “atacar” los ideales de Sara ni siquiera con insinuaciones o momentos apropiados y buscados como creemos que es normal sobre todo en varones.
La relación pues se sustentaba en la afición común a la ecología y la pertenencia a un grupo de senderistas.
Sara se encontraba sóla en el pueblo de Carlos su familia y amigos estaban todos en Málaga, así que su mundo se acomodó al de su novio. Éste no contaba con un ambiente social especialmente amplio. Todo lo contrario. Era una persona bastante reservada. La timidez que aparentaba ocultaba una personalidad difícil y violenta, repleta de obsesiones que fue ocultada a Sara y ésta por su carácter confiado y sencillo no pudo ver. Igualmente ayudó en este sentido la escasa vida con otras personas y la actitud de la familia de Carlos que estaba dirigida más a casar a Carlos con una médico que otra cosa. Carlos incluso llegó a confesar a Sara que él nunca se hubiese podido poner novio con una mujer del pueblo.
Ejemplos de estas razones son el hecho de que Carlo se pasase el día encerrado en su habitación donde tenía un mundo totalmente independiente al de sus padres (ordenador, revistas de ecologismo, diversas colecciones etc). Otro ejemplo es que no pasase las Navidades en las que estaba novio con Sara con su familia, sino que prefería quedarse solo en el centro de salud donde acababa de empezar a trabajar. Otro hecho significativo fue que cuando Carlo tuvo un grave accidente de moto, fue Sara la que lo acompañó en todo momento al hospital y ni siquiera los padres de aquel apareciesen por el Carlos Haya. Otro hecho igual de significativo era la total dependencia hacia su madre: así por ejemplo todo el dinero que Carlos ganaba lo daba para su casa. El dinero de la boda salió todo de Sara; los padres de Carlos no aportaron ni una peseta.
A los pocos meses de iniciarse la relación de noviazgo, y ante la insistencia de Carlos, la pareja comenzó a construirse una casa al lado de la de los padres de Carlos. Esta casa fue sufragada en su integridad por Sara y constituyó el domicilio familiar hasta el divorcio, adjudicándose su posesión al esposo.
El noviazgo pues se desarrolló con mentiras y ocultaciones por parte del novio y su familia que dieron su fruto por el carácter crédulo e ingenuo de Sara, la cual estaba convencida que Carlos era de una manera totalmente distinta a la que conoció en el matrimonio. Solo hubo dos personas que le advirtieron de que no se casase: Pablo compañero de trabajo del Centro de Salud de Pueblo de Carlos , y Raúl, amigo de la infancia de Carlos.
Después de la boda y su posterior banquete, comenzó la pesadilla de Sara. Los recién casados procedieron a pasar su primera noche juntos. Lo primero que le dijo Carlos aquella noche fue que se quitase las bragas porque quería ver..... Sara accedió y Carlos después de eso le dijo que no iba a tener relaciones con ella y se durmió. Sucedió el viaje de novios con continuas discusiones y durmiendo en camas separadas. Regresaron al pueblo de Carlos y Sara se encerraba en casa y Carlos hacía vida independiente con las aficiones de antes de casarse. Sara intenta arreglar la situación, y se motiva por su formación y carácter, por los consejos de sus padres y por amigos que le decían que el matrimonio era para toda la vida y que tal vez Carlos  podía tener un problema físico o mental y que se podría arreglar. Comienza así un periplo de visitas a distintos especialistas y asesores. El primero es un psiquiatra de Sevilla llamado Dr. López al que acuden  en cuatro ocasiones por consejo del que entonces era párroco amigo de Sara. En marzo de 1.999 asisten a la consulta de un urólogo el cual descarta la existencia de enfermedades orgánicas. Ese mismo mes acuden a un orientador familiar en Málaga. Un mes después es la consulta del doctor en psiquiatría Dr. Marín el que les atiende; este médico receta a Carlos una medicación que el no se pone. El psiquiatra a su vez los deriva a un sexólogo, Dr. Ruiz. Este a su vez los manda a un ginecólogo, Dr. Resines. Otros ginecólogos que trataron fueron el Dr. Martínez y la Dra. Gómez. Sara comienza entonces un durísimo tratamiento de fertilidad para intentar quedarse embarazada dando como resultado que la misma está perfectamente capacitada para tener niños.
Por último y ante el consejo de personas “bien intencionadas” deciden adoptar dos niños por si los mismos podían servir de inicio de un matrimonio normal. Carlos accedió y cuando la adopción fue formalizada le dijo a Sara que ahora sí que la tenía enganchada.
Esto último sirvió de precipitación de la ruptura; las agresiones físicas y psíquicas continuaron y fue entonces cuando Sara decidió abandonar el domicilio conyugal con sus hijos.
Durante los años de matrimonio las amenazas y coacciones fueron múltiples. Sara tenía y sigue teniendo pavor a su esposo. Durante el matrimonio solía encerrarse en su cuarto cuando le escuchaba entrar por la puerta. Su autoestima cayó por los suelos. Carlos la amenazaba con suicidarse si lo abandonaba o le lanzaba expresiones tales como te voy a putear hasta que te mueras o con hacerle algo a su familia.
Parece claro pues que en el presente caso se dan una serie de datos, presunciones y evidencias que hacen que el matrimonio contraído por Sara y Carlos sea nulo de pleno derecho.
En primer lugar, si Sara hubiese conocido la forma de ser de Carlos así como sus alteraciones físicas y psíquicas no se hubiese casado. Antes de descubrir estas, Sara no sospechaba nada. Cuando eran novios, Carlos la respetaba físicamente. Su carácter que luego surgió permaneció hábilmente oculto y nadie le concretó su forma de ser. Las diversas circunstancias ya relatadas en que se desarrollaron durante el noviazgo, ayudaron junto al carácter de Sara, a que la misma no sospechase nada. Pero es más, una vez descubiertas, Sara siguió aferrada a principios morales muy arraigados en ella para intentar solucionar el problema, llegando incluso a pensar que ella podía ser la culpable de la forma de ser de su esposo.
Seguramente Sara no tenía la voluntad bien formada el día que dijo el sí quiero. Pero no nos cabe duda que Carlos no estaba  en condiciones igualmente de dar el paso del matrimonio y que engañó a Sara, simulando una forma de ser que no era.
Vemos pues en definitiva que mi representada tomó una decisión basada en un error acerca de las cualidades de su esposo.
Esta parte no ha podido contrastar datos en estos momentos, se hará en la fase probatoria correspondiente, que avalen la totalidad de las causales invocadas, pero no cabe duda alguna que las propias manifestaciones y comportamientos del demandado, son prueba suficiente para sostener la simulación y el engaño. Estas manifestaciones y comportamientos no son esporádicos y aislados sino que han sido sostenidos en el tiempo en varias ocasiones y así vienen avalados por el propio testimonio de mi mandante.
Vemos pues que la simulación que se recoge en el cn. 1.101.2 se adapta al supuesto que estamos planteando: simulación total o parcial del matrimonio en si mismo o de algunos de los elementos esenciales que lo conforman (prole, sacramento o bien de los cónyuges –amor-)
Entendemos pues que el consentimiento prestado el día de la boda estaba plenamente viciado ya que si partimos de la base de que nada es querido sin haberse conocido antes, Sara no hubiese prestado su consentimiento de forma libre formándolo con voluntad e inteligencia si hubiese conocido las circunstancias concretas acerca de Carlos: inapetencia sexual, violencia física y psíquica y falta de amor, así como el no querer el matrimonio como tal.

A las anteriores circunstancias, esta parte entiende que podrían darse igualmente los requisitos recogidos en el canon 1.095.2 de la falta de discreción de juicio por parte de ambos esposos a la hora de conocer los deberes y derechos del matrimonio que mutuamente se han de dar.

lunes, 4 de mayo de 2015

Nuevo caso de nulidad esta vez por varias causales invocadas 

Mi mandante y su esposa contrajeron matrimonio canónico, el 1 de julio de 2.006 en la parroquia de Santa María, como se acredita con copia autentificada de certificado de matrimonio expedido por el encargado del Archivo Parroquial.
En el momento de celebrarse el matrimonio, Mario contaba con 21 años de edad y María  19 años de edad.
El matrimonio no ha tenido descendencia.
Los cónyuges en la actualidad se encuentran divorciados en virtud de sentencia dictada por el Juzgado de Primera Instancia 2 de fecha 29 de febrero de 2.008.
Mi representado es conductor de camiones; desconocemos la actual ocupación de María.
Mario conoció a María un año antes de casarse con ella. Para él era su segunda novia ya que al momento de conocer a María en una discoteca de Granada, acababa de romper con la novia que tenía en aquel momento y de la que estaba profundamente enamorado.
Ese día en la discoteca cuando conoció a María, Mario acababa de discutir con su novia, Pilar, y por despecho, se “lió” con María de la que le llamó la atención cómo iba vestida con ropa ajustada así como lo fácil que le resultó conquistarla. A los pocos días, se reconcilió con Pilar y cortó con María. Pero esta reconciliación duró poco y fue cuando cortaron la relación de manera definitiva y fue entonces cuando Mario llamó a María para olvidar a la anterior y comenzó el noviazgo que terminaría en matrimonio en poco menos de un año después.
Tanto la familia de Mario como la de María está compuesta por personas sencillas. Al parecer, Mario sí fue el primer novio de María, a la que sus padres la trataban con excesivo mimo. Este trato no chocaba a Mario aunque con posterioridad descubrió a que se debía.
El noviazgo pues comenzó aunque su desarrolló era anormal debido a circunstancias geográficas: Mario residía en La Zubia y María del Pilar en Armilla. Así pues, se veían los fines de semana y siempre y cuando las obligaciones de trabajo de Mario se lo permitían puesto que en aquel momento él ya trabajaba como camionero al igual que el padre de María. Y decimos esto porque dada la afinidad profesional de suegro y yerno, Mario cayó bien en la familia de su novia. Otro de los factores que ayudaban a la anormalidad es que Mario seguía enamorado de su antigua novia. Incluso en una ocasión, María “le pilló” un mensaje de aquella y al que María  no pareció darle importancia. Mario buscaba la forma de cortar con María pero esta siempre le perdonaba y le consentía todos sus desaires hacia ella.
Un buen día, María  le dijo a Mario que quería que conociese a sus padres; Mario le manifestó que era demasiado pronto y ella le respondió que si quería que saliese más por las noches sus padres tenían que conocerlo. Mario aceptó y el vínculo con su novia se cerró un poco más.
Una noche, María le propuso el matrimonio y Mario aceptó. Debido pues a que apenas se veían y que Mario seguía despechado con su antigua novia a la que seguía queriendo y anhelaba su regreso, éste dio un paso más en la relación de manera totalmente inconsciente. Hizo, como se suele decir vulgarmente, un huida hacia delante, sin pensar en las consecuencias de ello y movido por el corazón.  La noticia fue bien acogida en ambas casas, si bien, fueron aconsejados que lo pensasen bien puesto que eran muy jóvenes. El consejo se agotó en unos minutos. Nadie más insistió en este asunto.
Comenzaron en aquellos momentos los preparativos de la boda que se celebró en Armilla. A medida que se acercaba la celebración, Mario empezaba a reaccionar y se daba cuenta que iba a cometer una estupidez casándose con María. Incluso llegó a comentar a un primo suyo que le dijese a su antigua novia, Pilar, que se iba a casar ya que era la única persona por la que podía romper el compromiso puesto que seguía enamorado de la misma. El día de la boda pensó en salir huyendo pero por todo el lío que se hubiese montado, terminó dando el “sí quiero” y pasó uno de los días más tristes de su vida.
Se fueron de viaje de novios al Caribe y allí Mario comprobó que María no se comportaba de manera totalmente normal ya que estaba todo el día cansada y no quería hacer nada. A Mario ya le habían comentado que de pequeña, María había sufrido un golpe en la cabeza en el colegio y que esa era la causa de que se comportase de manera un poco lenta en sus comportamientos ordinarios.
Una vez que regresaron de su viaje se instalaron en una casa en La Zubia. Mario seguía con su trabajo de camionero y María se dedicaba a las tareas del hogar aunque con escasa voluntad y rendimiento. Seguía cansada e inapetente.
Al poco tiempo (aproximadamente un mes), María sufrió un ataque epiléptico. Mario era la primera vez que lo veía y se asustó mucho. No tenía ni idea de lo que eso significaba ni sus consecuencias. Fue entonces cuando ya le explicaron que Maria sufría esa enfermedad y que una de las consecuencias de la misma era que no podía tener hijos. Este hecho nunca se lo dijeron y él era un ignorante en estos asuntos. La madre de María se fue a vivir con ellos y la situación en la casa se terminó de complicar. María no quería vivir en La Zubia y le dijo que se iba a casa de sus padres.  Mario no puso objeción y se marchó y el matrimonio quedó roto en aquel momento. Esto ocurrió en mayo de 2.007.
La convivencia matrimonial no llegó al año y se iniciaron los trámites de divorcio que culminaron en la sentencia aportada.
Parece claro pues que en el presente caso se dan una serie de datos, presunciones y evidencias que hacen que el matrimonio contraído por Mario  y María sea nulo de pleno derecho.
Lo fundamental de todo este asunto, es que ni Mario había pensado el matrimonio de una manera profunda, ni además, estaba enamorado de María . Él seguía enamorado de Pilar y mantuvo una relación de noviazgo simplemente por despecho y por cobardía. Su escasa preparación mental se unió a las mismas características de María y entre los dos tomaron una decisión de manera precipitada y sin sentido. La edad, su nula formación humana y religiosa y los malos consejos fueron determinantes en la decisión.
El corazón de Mario estaba en otro sitio el día que dijo el sí quiero. Es un hecho del que está profundamente arrepentido y por esta razón ha pedido perdón. Se comportó en aquellos días como un auténtico “niñato” y además el entorno en el que se movía tampoco ayudó.
Este son las razones principales del error en la decisión de casarse, pero a estas hay que unirle dos circunstancias más. La primera fue que María sufría una enfermedad que podía ser un obstáculo para casarse. Y la segunda que Mario fue engañado ya que esta enfermedad fue ocultada de manera deliberada por parte de María.
María , conocía perfectamente que no podía tener hijos y por tanto esto podría obstaculizar que una persona quisiese casarse con ella. Consecuencia de esto fue que se engañase a Manuel y no se le informase de esta circunstancia y en consecuencia, éste tomó una decisión sin una información esencial para poder construir de manera correcta su voluntad de contraer matrimonio.
No nos cabe duda de que si Mario hubiese conocido la forma de ser de María así como sus alteraciones físicas y psíquicas no se hubiese casado.
Mario no tenía la voluntad bien formada el día que dijo el sí quiero, pero María no estaba  en condiciones igualmente de dar el paso del matrimonio y engañó a Mario.
Vemos pues en definitiva que mi representado tomó una decisión basada en un error acerca de las cualidades de su esposa.
Esta parte no ha podido contrastar datos en estos momentos, se hará en la fase probatoria correspondiente, que avalen la totalidad de las causales invocadas, pero no cabe duda alguna que las propias manifestaciones y comportamientos de la demandada, son prueba suficiente para sostener la simulación y el engaño. Estas manifestaciones y comportamientos no son esporádicos y aislados sino que han sido sostenidos en el tiempo en varias ocasiones y así vienen avalados por el propio testimonio de mi mandante.
Vemos pues que la simulación que se recoge en el cn. 1.101.2 se adapta al supuesto que estamos planteando: simulación total o parcial del matrimonio en si mismo o de algunos de los elementos esenciales que lo conforman (prole, sacramento o bien de los cónyuges –amor-)
Entendemos pues que el consentimiento prestado el día de la boda estaba plenamente viciado ya que si partimos de la base de que nada es querido sin haberse conocido antes, Mario no hubiese prestado su consentimiento de forma libre formándolo con voluntad e inteligencia si hubiese conocido las circunstancias concretas acerca de María.

A las anteriores circunstancias, esta parte entiende que podrían darse igualmente los requisitos recogidos en el canon 1.095.2 de la falta de discreción de juicio por parte de ambos esposos a la hora de conocer los deberes y derechos del matrimonio que mutuamente se han de dar y de la misma manera, el canon 1.095. 3 puesto que la epilepsia es una enfermedad neurológica que afecta a la mente y que provoca una alteración de carácter psíquico que impide el consentimiento en un primer momento y la vida conyugal con posterioridad.